En tiempos en los que la música, así como la literatura y el resto de las artes y sus creadores, estamos al pairo de aquellos sesudos economistas, dispuestos a dinamitar lo que ha costado tantas guerras, tantos esfuerzos, tantos sacrificios, me sobrecoge observar como son los artistas quienes siguen dando la talla, mientras todos estos inteligentísimos señores siguen haciéndonos polvo, en el peor de los sentidos. Dispuestos a dinamitarlo todo, los Derechos sociales, la Sociedad del Bienestar, la cultura, con tal de que el sistema ferozmente capitalista de los Neocon en absoluta decadencia, como pasó con el Comunismo, sea puesto en tela de juicio, son los artistas los que siguen ofreciendo heroicas propuestas de sensibilidad y altura. Ya en la famosa Depresión del 29, referente de esta catástrofe mundial, grandes figuras como Concha Piquer o Miguel de Molina nos entregaron las propuestas más arriesgadas, pagando compañía, acompañamientos sinfónicos, bailarines y músicos, autores, figurinistas y diseñadores, para ofrecer a un mundo al borde del abismo de la insaciable avaricia humana al borde de las Guerras Mundiales y la Guerra Civil, lo mejor de ellos. También Clara Montes, que ha pedido la carta de libertad de su ex compañía, Universal, se ha embarcado por su cuenta y riesgo, además de créditos, con unos amigos en esta bendita locura.
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